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comida típica filipina, cocinada por filipinos a cual más simpático y amable.
Atienden rápido y bien. Raciones abundantes y sabrosas.
Como estaba dudosa sobre qué plato elegir de su carta, el cocinero me sirvió un plato de pancit (uno de los platos tradicionales filipinos más famosos) para que lo probara totalmente gratis.
Al final me decidí por el lechón kawali, por recomendación del cocinero, y me lo sirvió pocos minutos más tarde, muy bien presentado, ver foto.
Estaba muy rico de sabor.
Varios de los clientes que estaban almorzando eran filipinos, lo que para mí es una garantía de la calidad de la comida.
Un sitio para volver, tanto por la calidad de la comida, como por la simpatía y calidez del personal
